Noche de luna sangrienta
Intenté ver el eclipse. Estuve escribiéndole mini correos a mi madre, que está más ansiosa que nunca, y leyendo una novela que no me atrapa demasiado pero con la cual conecto ciertas experiencias del momento. Mi familia duerme y yo trato de abrir la puerta sigilosamente, pero ella chirrea como una condenada. Afuera solo se sienten los ruidos de los aires acondicionados. A lo lejos una lucecita, un avión. Aquí todo el tiempo se ven los aviones. Cada cinco o seis minutos. La luna llena, llenísima, ya no me da miedo. Antes sí. Cerraba los ojos para no mirarla. Vuelvo a entrar, es demasiado temprano.
Tengo una idea fija. Alguien que vaga y a quien quisiera ayudar pero no puedo. O no sé si quiero. O no sé si al final vale la pena el esfuerzo. Prendo la laptop. Miro otro capítulo de Suits que no termina de engancharme. Las primeras dos temporadas fueron buenas, pero esta tercera ha alargado un mismo caso hasta el cansancio, y las relaciones entre los personajes vuelven una y otra vez a los mismos dilemas que ya conocemos. Necesita un punto de giro urgente, pienso.
Salgo otra vez al patio, y finalmente la sombra comienza a caminar sobre la superficie lunar. Es lindo. El cielo está despejado y los aires acondicionados se han puesto de acuerdo para hacer silencio. Todos duermen. Estoy sola. Recuerdo una noche de lluvia de estrellas que mi hermana y yo vimos juntas. Ella llegaba de una fiesta, un festival de rock, de hecho, y me despertó para verlo. Es uno de mis recuerdos preferidos de la adolescencia. Pero ahora el eclipse me agarró sin nadie. Y así no tiene gracia. No tiene gracia sentarte sola en el patio a esperar la oscuridad. No cuando has experimentado la alegría de compartir esos instantes mágicos de la naturaleza.
En puntillas de pies entro a casa. Sin embargo, no tengo sueño. Vuelvo a abrir la novela. Y Benedetti habla de un tipo mediocre e infeliz que va al Jardín Botánico, que no es el mismo de A la izquierda del roble, su famoso poema, o tal vez sí, tal vez se trata del mismo imbécil, antes y después... Afuera la luna ya debe estar sangrando. Pero yo no la veo.

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