El Tigre (II)
El tigre abre la jaula y se asoma a la puerta. Saca una pata y la deja estirada para que los que pasen tropiecen, especialmente las mujeres bonitas. El tigre cree que la belleza es sine qua non de la bondad, pero el tigre no es bueno a pesar de su hermosura, lo cual contradice su filosofía griega mal digerida. Y lo que el tigre no sabe es que todo cambia demasiado rápidamente. Que todo es tan súbito como la secuencia de una frase y un acto imprescindible. Todo es tan terrible como alguien perdido que de pronto manda un friend request, como alguien que pretende que el amor nazca de un mensaje de texto, como alguien que busca una dirección y a quien se ve desde la ventana sin creer en esta ciudad torcida, como una garra atravesada y rota. Al tigre le falta fe. En sus ojos salvajes toda la realidad debería ser físicamente comprobable, a pesar de ciertas nostalgias y vacíos que no pueden explicarse con la acumulación de los hechos sino con el peso de ciertos actos, de cie...