SMS
Esta vez Bukowski me dejó embarcada. Lo esperé toda la madrugada en Champions, un gimnasio devenido club en Maine, entre estudiantes, viejas solitarias y hombres borrachos y barbudos con sus Harley Davidson esperando afuera. La cita la planificó él así que me extrañó su ausencia. No me quedó más remedio que encargarme una cerveza negra con 18 grados de alcohol a ver si me noqueaba rápido. No lo logré. Pero lo que sí conseguí fue un dolor de estómago olímpico. Bukowski me mandó un mensaje de texto cerca de la medianoche. Para esa hora estaba un poco borracha y tenía a mi lado a un tipo que hablaba solo y entre dientes musitaba algo acerca de los versos perdidos de cierto poeta visual. Yo hablaba sin parar también, pero de los sitios perdidos de La Habana, del comunismo, de las ilusiones de mis padres, l os primeros hijos de la Revolución. El mensaje de Bukowski decía, lo siento nena, pero a mi mejor yegua se le partió una pata. A lo que le respondí, querido cabrón, no podías avi...