I agree to disagree
Hoy releí el Eclesiastés.
Me levanté con el moño virao y sentí la necesidad de volver a esas páginas. Por alguna razón sigo volviendo, aunque no sea practicante habitual de la fe cristiana, a la Biblia. En particular ese libro resulta de una belleza aplastante, y aunque ciertamente nos desnuda con sus verdades, deja una alegre sensación de consuelo, lo cual es más de lo que a veces obtenemos en innumerables páginas de literatura o internet.
Ayer alguien publicó en facebook el link a una entrevista con Bono, cantante de U2, en la que confiesa su fe, su creencia absoluta en la existencia de Jesús, y su opinión acerca de la música con inspiración religiosa. Bono decía que, como dice la Biblia, "la verdad os hará libres", y en ese sentido mucho gospel resulta falso, banal, porque no parte de la experiencia profunda del artista, que a veces siente más dolor que alegría, y más fe que confirmación de la existencia de lo divino.
Pensaba en esas cosas, y en el Eclesiastés, en por qué ese libro en particular me llama más la atención que todos los otros. Quizás porque mi padre me incitó a leerlo cuando era una niña, quizás porque advierte de la fugacidad de la vida, de la vanidad que albergan nuestros actos, y de la necesidad de aprovechar el instante... carpe diem... como decían los romanos.
Sin embargo, muchas religiones desprecian el carpe diem en pos de una salvación post mortem. Cumplir en la tierra los preceptos impuestos por la ley divina, para que tras la muerte podamos entrar al paraíso. Esa idea medieval sigue oponiéndose al hedonismo desenfrenado de la sociedad contemporánea... y sin embargo, he ahí el Eclesiastés... todo esta ahí escrito, muchos siglos antes...
14 Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos a quienes sucede como si hicieran obras de impíos, y hay impíos a quienes acontece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.
15 Por tanto, alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba y se alegre; y que esto le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le concede debajo del sol.
no quiero tablas de mandamientos
no quiero espadas flamígeras sobre mi cabeza
Dios está en los detalles
en la alegría de encontrar una metáfora
de mirar reír a la pequeña Layla
en la espera de que suene el teléfono y sea quien espero
en la fe de que todo tiempo futuro debe ser mejor...
Comentarios
Publicar un comentario