Una muerte no anunciada

Gabriel García Márquez murió. Acabo de leer la noticia. La única vez que lo vi, en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, iba acompañado por su esposa. Frecuentemente estaba en ese lugar, del que fue fundador y entusiasta amigo. Estaba vestido de blanco y ella también. Hacían una pareja adorable.
García Márquez fue para mí un deslumbramiento, un relámpago. Tenía trece años y me regalaron El coronel no tiene quien le escriba. Lo leí con tanto desenfreno, que unas semanas después ya tenía de mi lado Relato de un náufrago, Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera, Del amor y otros demonios... y Cien años de soledad. Para esta última hice una lista de personajes, algunas ediciones ya la incluyen, pero la mía, cubana, de Ediciones Huracán y páginas amarillas, no tenía nota alguna. Todavía conservo esa lista y las descripciones de los personajes, y lo increíble para mí fue que cuando releí la novela en la universidad me vi devorando con el mismo apetito las historias que ya conocía. Creo que es Arrufat quien dice que solo deberíamos leer aquellos libros que merecen releerse. Es una cualidad exclusiva de algunas obras, yo diría que de unas pocas.
Sería absurdo decir que me duele la muerte de Márquez, en definitiva, la mayoría de los escritores que admiro están muertos. Algunos, desde hace más de dos mil años... pero lo particular del Gabo, y quizás lo que me hace escribir este post, es que su muerte representa el fin de una era. La era del periodismo y la literatura en máquinas de escribir, la era donde lo exótico de un pueblo perdido de Colombia se convierte en fórmula literaria, la era donde la idea del escritor e intelectual comprometido políticamente era el deber ser del artista. Hoy el mundo funciona de otra forma, y hay una cierta nostalgia en esta revisitación del pasado a través de Márquez. Nostálgico empedernido él mismo, romántico cabal por naturaleza, vislumbró el fin de de todas las cosas con la desaparación del último de los Buendía... Tal y como en las predicciones de Melquíades se encriptaba el futuro, ahora buscamos otros signos adivinatorios. De vez en vez aparecerá un poeta que eche a andar otra vez los relojes de arena y nos ponga a soñar con paraísos perdidos. 
Hacía tiempo que no daba a sus lectores nuevas novelas. De hecho sus Memorias de mis putas tristes resultó una pálida sombra al lado de sus grandes piezas. Según sus parientes, con la enfermedad el mundo empezó a escapársele de las palabras. Fugado para siempre de esta realidad, se va Gabriel García Márquez, criticado por muchos, alabado por otros, adorado por algunos. Él quería morir de amor, pero estos son, definitivamente, tiempos de cólera. 

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