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Mostrando entradas de abril, 2014

Ese lado pedestre del corazón

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A veces ocurre. Miramos a alguien bello a través del cristal de la guagua y luego lo olvidamos. Apenas sobrevive, si acaso, la sensación, el placer de ese instante contemplativo. Un rostro anónimo. Un rostro que se pierde y que si volvemos a ver quizás ni siquiera reconozcamos. La multitud los absorbe. Los aleja. Irremediablemente. Y sin embargo ocurren hechos extraños. Fortuitos. Insignificantes. Porque a veces es un rostro que conocemos pero que no nos conoce. Un rostro que alguna vez pensamos inalcanzable y lejano y que está ahí pero no para nosotros, cerca pero inasible. Tengo un día como cualquier otro, es decir, trabajo durante la mitad de la mañana, mando un par de emails, reviso algunos documentos, me dan ciertas indicaciones. Luego, asisto a una defensa de tesis, almuerzo, salgo del trabajo, consigo sentarme en una guagua. El cielo está nublado y es agradable estar afuera. Resuelvo un par de asuntos. Entro a una tienda y compro curry. Otra guagua. Visito a mi hermana. Salg...

Selfies

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La NASA decidió celebrar el Día de la Tierra, 22 de abril, con un gigantesco mosaico de selfies del mundo entero. Los usuarios de las redes sociales (Twitter, Instagram, Facebook, Google+ y Flickr) subieron sus fotos, que luego serían analizadas y curadas por los gestores del proyecto. La idea pretende mostrar un día en la Tierra, donde cada uno se tomará una "autofoto" en el lugar o con las personas con las que decida representarse. La iniciativa no hace más que dar cuerda a una obsesión de los ultimos meses: el selfie. La palabra fue elegida a fines del 2013 como la palabra del año en lengua inglesa, y lo cierto es que más y más vemos en internet infinitud de fotos tomadas por los mismos retratados, donde es usual ver el brazo estirado y las caras apretadas cerca del lente. Otro boom ha sido la canción de The Chainsmokers #Selfie , en la cual se escucha a una mujer hablando con una amiga contando todo tipo de banalidades al estilo de "fulano me estuvo mirando, per...

Una muerte no anunciada

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Gabriel García Márquez murió. Acabo de leer la noticia. La única vez que lo vi, en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, iba acompañado por su esposa. Frecuentemente estaba en ese lugar, del que fue fundador y entusiasta amigo. Estaba vestido de blanco y ella también. Hacían una pareja adorable. García Márquez fue para mí un deslumbramiento, un relámpago. Tenía trece años y me regalaron El coronel no tiene quien le escriba . Lo leí con tanto desenfreno, que unas semanas después ya tenía de mi lado Relato de un náufrago, Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos del cólera, Del amor y otros demonios... y Cien años de soledad . Para esta última hice una lista de personajes, algunas ediciones ya la incluyen, pero la mía, cubana, de Ediciones Huracán y páginas amarillas, no tenía nota alguna. Todavía conservo esa lista y las descripciones de los personajes, y lo increíble para mí fue que cuando releí la novela en la universidad me vi devorando con e...

Noche de luna sangrienta

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Intenté ver el eclipse. Estuve escribiéndole mini correos a mi madre, que está más ansiosa que nunca, y leyendo una novela que no me atrapa demasiado pero con la cual conecto ciertas experiencias del momento. Mi familia duerme y yo trato de abrir la puerta sigilosamente, pero ella chirrea como una condenada. Afuera solo se sienten los ruidos de los aires acondicionados. A lo lejos una lucecita, un avión. Aquí todo el tiempo se ven los aviones. Cada cinco o seis minutos. La luna llena, llenísima, ya no me da miedo. Antes sí. Cerraba los ojos para no mirarla. Vuelvo a entrar, es demasiado temprano. Tengo una idea fija. Alguien que vaga y a quien quisiera ayudar pero no puedo. O no sé si quiero. O no sé si al final vale la pena el esfuerzo. Prendo la laptop. Miro otro capítulo de Suits que no termina de engancharme. Las primeras dos temporadas fueron buenas, pero esta tercera ha alargado un mismo caso hasta el cansancio, y las relaciones entre los personajes vuelven una y otra vez a...

I agree to disagree

Hoy releí el Eclesiastés.  Me levanté con el moño virao y sentí la necesidad de volver a esas páginas. Por alguna razón sigo volviendo, aunque no sea practicante habitual de la fe cristiana, a la Biblia. En particular ese libro resulta de una belleza aplastante, y aunque ciertamente nos desnuda con sus verdades, deja una alegre sensación de consuelo, lo cual es más de lo que a veces obtenemos en innumerables páginas de literatura o internet.  Ayer alguien publicó en facebook el link a una entrevista con Bono, cantante de U2, en la que confiesa su fe, su creencia absoluta en la existencia de Jesús, y su opinión acerca de la música con inspiración religiosa. Bono decía que, como dice la Biblia, "la verdad os hará libres", y en ese sentido mucho gospel resulta falso, banal, porque no parte de la experiencia profunda del artista, que a veces siente más dolor que alegría, y más fe que confirmación de la existencia de lo divino.  Pensaba en esas cosas, y en el Eclesias...

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Nacimos escindidos. Un pie en cada lado del mundo. Nada nos viene dado completo, ni el amor, ni la felicidad, ni la muerte. Allí donde creímos que todo acababa, inevitablemente vuelve a empezar. Allí donde nos dejaron abandonados, viene alguien a levantar el polvo de nuestras faldas. Allí donde pensamos que estaba el instante ideal, se rompe una copa. Y miramos miramos contemplamos el mundo como única esperanza de llenar el vacío. Una vez vi el amanecer en el parque más bello del mundo. Una vez vi el amanecer y a quien me acompañaba no le importó. Tenía sueño. Una vez imaginé un amanecer que no ha sucedido todavía….

Un poco de cianuro por favor

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Cada vez más me vuelvo una adicta. Cada vez más la realidad se convierte en algo chato, igual y predecible. Y ya no lo  soporto. Para terminar el día necesito, al menos, una pequeña dosis de sorpresa. Aunque sea un mínimo instante de suspensión de la realidad y encuentro con algo… cómo decir… puro… no… nuevo… tampoco… refulgente, quizás… Creo que como yo hay muchos adictos. Lo cotidiano, que suele ser nuestro trabajo – o nuestro desempleo- se convierte en una suerte de caldo de cultivos bacterianos que terminan por engullirnos con su apabullante rutina. Y luego uno llega a la casa y se encuentra con una jeringuilla llena de deliciosas labores domésticas que nos engullen otra vez y nos llenan la piel de más bacterias. Entonces uno necesita un capítulo de una serie. O una película. O quizás un documental verdaderamente extraordinario. Es decir, algo que mueva el caldo, algo que remoje la costra. Y a veces pasan días y uno no encuentra ni un pequeño chute. Nuestros habituales...