Ese lado pedestre del corazón
A veces ocurre. Miramos a alguien bello a través del cristal de la guagua y luego lo olvidamos. Apenas sobrevive, si acaso, la sensación, el placer de ese instante contemplativo. Un rostro anónimo. Un rostro que se pierde y que si volvemos a ver quizás ni siquiera reconozcamos. La multitud los absorbe. Los aleja. Irremediablemente. Y sin embargo ocurren hechos extraños. Fortuitos. Insignificantes. Porque a veces es un rostro que conocemos pero que no nos conoce. Un rostro que alguna vez pensamos inalcanzable y lejano y que está ahí pero no para nosotros, cerca pero inasible. Tengo un día como cualquier otro, es decir, trabajo durante la mitad de la mañana, mando un par de emails, reviso algunos documentos, me dan ciertas indicaciones. Luego, asisto a una defensa de tesis, almuerzo, salgo del trabajo, consigo sentarme en una guagua. El cielo está nublado y es agradable estar afuera. Resuelvo un par de asuntos. Entro a una tienda y compro curry. Otra guagua. Visito a mi hermana. Salg...