Encima de este pedestal, una vez, hubo vino



Da igual donde estés, ni con quién.
Al final ya la nieve se derritió en todo el continente, mi querido Bukowski. 
Da igual, si en el centro del mundo, es decir dentro de ti, lo único que da vueltas es la manivela del pasado: las viejas deudas, las grandes nalgas, los buzones atestados de cuando fuiste cartero. 
Qué me importa nada de eso. 
Qué importa que no llegues, que no llames, que me estreches contra el deseo feroz de muerte, con la violencia de los cuchillos con que no corto la carne. 
Todo lo que conozco del mundo me parece irrelevante. Como si las revelaciones te ocurrieran a ti, es decir, a los otros. 
Anoche me burlé de mí. De ti. De todos. Anoche tuve sueños muy lúcidos. 
Anoche te escapaste de todos mis futuros. 
Te miro vagar, en el último vagón de mi conciencia, hacia donde siempre quisiste huir.     


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