Feeling
Entonces era viernes, como hoy, y como hoy escuchaba estos boleros cubanos. Las divas me gritaban su feeling y afuera la Kendall Drive rugía su tráfico de casi fin de semana. Hay que estar muy vivo para que la vida gravite dentro de uno... Estoy llena de esta cosa tremendamente hermosa que se llama tú… dice Moraima Secada, y yo recuerdo hace cuatro años mi descubrimiento Elena, mi descubrimiento Moraima, mi descubrimiento de mi dedo del medio y la ventana al parque. Anoche fueron los espejos. Anoche fue la carretera y el auto. Anoche fue otro día. Hoy estoy llena de esta cosa tremendamente tranquilizante que se llama saber que no me mereces. Que no tienes la mitad de lo que haría falta para ser feliz…
La patria se desdibuja, se deshace y es solo recuerdo, las imágenes dispersas de algunos lugares, el vibrar del bajo en el acorde de una canción del Buenavista Social Club, o la súbita comparación entre este dulce que ahora como y otro comprado años antes en alguna cafetería mugrienta. La patria es la estatua de Martí herido de muerte en Central Park, la herida vibrante de la calle 8 y todas las adyacentes y lejanas de la ciudad plana, pantanosa y lúcida del sur sur de la Florida. La patria son todos los aniversarios perdidos u olvidados. Todos los atardeceres del malecón, la glorieta de Manzanillo del mes de noviembre de 2012. La foto antes del viaje. La foto después del viaje. Y siempre el viaje entre las cosas, ese ir y venir y la sensación de quedarse y fugarse al mismo tiempo.
La foto que no explica, la foto que no envío. La imagen de un hombre flaco en un tren camino a Tampa, vestido de negro, mientras el calor de la Florida le recuerda un país que no es ni será suyo, como se pierde todo... Y el hombre le habla a los obreros afanados con la hoja, y su voz resuena entre el tabaco y los indios que vio en el camino desde New York. Y las palabras giran y giran, y todas las obligaciones, y yo lo miro aquí a mi lado, mirando un cuadro de Magritte, un cuadro que es la noche y el día, esa rara complicidad, ese raro misterio, esa convergencia imposible. Y ese hombre flaco me dice, todo menos la renuncia. Todo menos la caída. Y él que cayó del caballo, y que sabe cuánto significa para mí el relincho, me monta sobre la grupa. El vapor del pantano no nos ciega. Estamos llenos de luz.
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