El traqueteo

-Todo lo olvida Nueva York en un instante-. Escribe él sobre el cuaderno arrugado en la llovizna de la partida. El tren crepita sobre la tierra virgen. El tren es virgen, y los viajeros enfermos de pecado original sueñan un futuro distinto para el país en el que nacieron y que los expulsó sin retorno posible. Todos estos años se han convertido en la permanente invención del mañana, en la construcción de una identidad, en el sacrificio del reinvento. Vestidos de negro, con el tabaco en la mano, con el reloj colgando del chaleco, con la ventana traqueteando sobre la vía, ellos dicen Patria.

Todo lo olvida uno. Hasta que de pronto uno va en el traqueteo y viene la imagen del Paseo de Paula y los caballos arrojando su saliva sobre el puerto en una Habana que se aleja, se aleja desde el barco, se aleja para siempre para ellos y para mí que solo tengo diez fotos, el desespero de mi abuelo retratando, temblorosa la mano, la imagen perdida del año 1959. 

Y ese es el problema, que se olvida el detalle pero se vive recordando, comparando, se vive creyendo que tal vez todo pudo haber sido diferente, se vive culpando. Y después se muere. Como los hombres en el tren a Tampa, como mi abuelo. Yo vi la estatua que recuerda los héroes, pero no somos héroes ahora. Todos los heroísmos se quedaron en la sobrevivencia, en los cubos vacíos, en el intento teatral de escapar a cualquier lado.

Ya no construyo utopías posibles. Ya no miro por la ventana esperando el huracán. Afuera la nieve me cubre la ventana, me cubre la nostalgia. La sombra de los edificios, el vapor del subterráneo.... Todo lo olvida New York. Nos olvida. Y nosotros, querido, aún pretendemos salvarnos de tanto traqueteo. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

La vida es sueño (awwgrfasdasgsgfs)

El afán de cada día

Mi siglo