Un sueño chino


Estaba en China, pero las calles parecían las de una ciudad colonial como cualquier otra, un par de tiendas con souvenirs y un montón de gente que conocí alguna vez. En realidad lo que me pone el nudo en la garganta es que yo había ido a visitarte y tú ni siquiera me invitaste a tu casa. Me tirabas pullitas, como si quisieras y no te atrevieras, y ese no es tu estilo, Charles. Cuando sueño contigo me pasa eso, te transformo como me da la gana y te pongo frágil. Me gusta ponerte frágil porque en mis sueños yo puedo ser fuerte y reír y otro tipo me dice que me veo muy bonita. 
Ayer me bañé en la playa, recogí caracoles, temblé de frío. Ayer corrimos desnudos Huck, Tom y yo. Huck puso su nombre con orine en la arena y yo me pregunté por qué coño la naturaleza nos la puso tan difícil a nosotras... Bebimos cerveza holandesa, ya sé que eres más nacionalista y hubieses preferido una Bucanero, pero querido, todos los piratas se quedaron en Halloween y los únicos barcos que se ven desde esta orilla son los cruceros gigantescos con sus derroches oceánicos. 
Yo me he prometido no extrañarte, y ayer hablando con Tom y Huck, estaba tan feliz... Estamos en los primeros días de algo parecido al frío en la ciudad plana. Y el mar está ahora más lindo que nunca. Yo podría vivir con este viento en la ventana. Yo podría mirar los nombres en la arena de todos los hombres. Yo podría renunciar a cortar pelo con tal de escuchar las gaviotas, con tal de tener a Huck y Tom de vez en cuando en el jardín, soñando fantasías que no nos contamos, con tal de que suene la alarma y no te quejes, con tal de que te cuente mi sueño chino y me abraces y me calmes y me digas, tranquila, vamos a dormir otro ratico. 



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