Cumpleaños
Hoy es el cumpleaños de Bukowski y no se qué voy a regalarle. He estado ahorrando para una botella de whisky, pero eso es lo de siempre, lo que él se espera, y me gustaría sorprenderlo. Pensé luego en invitarlo a comer. Pero él no me responde el teléfono ni me contesta los mensajes. Desde nuestra última discusión no existo, me he borrado del mapa, gravito sobre la coordenada de mi propia añoranza de Bukowski. Y por qué te extraño, viejo verde? Qué te hice para que desaparezcas así?
En estos días blues, en estos días de permanente aguacero, extraño a Bukowski como una sangrante y feroz coincidencia, como un paraíso perdido, como el remanso que busqué y di por inalcanzable bajo mis actuales circunstancias. Y que aparezca él y yo vuelva a reír, y hablar toda la noche de literatura y beber entre las canciones de moda y el jazz que siempre planeamos escuchar en el club de las tres puertas y a donde no fuimos...
Ya no escribo cartas de amor con los bordes quemados ni envuelvo caracoles en papel de regalo, ya no armo collages para la puerta del cuarto, ya vi un Renoir en estado natural y la luz requemada de ciertos Rembrandts.
Bukowski, la morsa me va a volver loca, la morsa me lleva por las carreteras atestadas mientras llueve y suda y parece que los dientes se le derriten, pero la morsa alardea de su belleza, pero la morsa alardea de su sabiduría... Yo pudiera agarrarle el moño y servírtelo para picar con el whisky... Pero no me llamas, pero dejas que el crucero llene de mierda el puerto, pero caminas por el centro de la calle y las golondrinas te cagan la cabeza, pero ahora otra vez cumples años sin mí, Charles, y yo ruedo sobre el mar con la bilis sangrando sobre tu recuerdo.
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