El lugar


Estoy en un lugar extraño… me dice un amigo a través del chat. El lugar (espacial) en el que él está pudiera parecer envidiable. Muchas veces me sorprendí deseando un sitio así… pero toma tiempo darse cuenta de que el lugar no es nunca el metro cuadrado en el que estamos de pie, ni siquiera la milla que abarca la mirada. El lugar viaja con nosotros en el autobús, el lugar es una espina detrás del ojo mientras miramos una colografía de Belkis Ayón en el PAMM, mientras los jardines colgantes no flotan en Babilonia sino en una terraza en el Downtown de Miami.

El lugar es una sensación de compañía cuando estás sentado frente a un canal estancado, el lugar es la cana nueva que ha aparecido en tu pelo, el lugar vacila, el lugar flota a la deriva en un bote sin combustible, el lugar sucedió y parecía muerto hasta que de pronto revive y es silencio. El lugar es el lector que me imagina y me conoce. Es mi familia. El lugar es el sueño inapresable de la noche con frío, el ronquido de mi tía que me despierta y me acurruca otra vez. Es mi amigo del otro lado del continente, y Julio tomando una cerveza en un bar irlandés que nunca he visto, la yerba que Daniel rocía cada jueves, la niebla de una noche contra la espalda de un motorista abandonado, los cuadros que no he tocado de mi pintor favorito, el humo que choca contra tu cama y que te deja solo porque ya decidiste que no vas a abrir otra complicación en la gaveta, porque tu ausencia flota como yo sobre la ciudad y otra vez es martes, es martes y todos se han ido. Todos. Y estas fotos no son más que exhibiciones mutiladas de aquel lugar perdido. 


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