El amante (de la peluquera)
El amante le dice a la peluquera, ese vestido te queda mal.
La peluquera le dice al amante, me raspas con esa barba de tres días.
La peluquera y el amante se miran en silencio, se fuman en silencio.
La peluquera pudiera agarrar la navaja y afeitarlo mientras duerme.
Pudiera agarrar la navaja y hacerle pequeños cortes. Ir yendo más y más profundo, que las goticas de sangre afloren lentamente.
La peluquera quiere ver la sangre del amante.
él no ha visto la sangre de la peluquera y tal vez no le importe, (a fin de cuentas parece más interesado en el vestido).
En la almohada se han quedado algunos cabellos. Ella tira la funda en el cesto de la ropa sucia y carga con todo hacia la lavandería. El espejo de la puerta no la engaña. El vestido le queda mal. Ella lo sabe pero aun así se lo ha puesto. El amante se ha ido y tal vez no regrese. Qué importa si no regresa. La labor del amante es dejar el rastro en la almohada y que el agua caliente de las lavadoras automáticas lo borre todo. También la sangre.
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