El puente
Mira cómo baila en la cuerda floja, mira cómo lo intenta. La elefanta no encuentra el ritmo pero lo busca arbitrariamente. La elefanta dibuja un círculo de tiza para si se cae que nadie se salpique de sangre. Esa manía de los elefantes de prevenir daños mayores.
La elefanta se ha parado encima del puente y se ha dicho, este puente es mío y lo haré temblar porque me da la gana. Pero el puente no se mueve, a pesar de la congestión física de la elefanta. Ella piensa que habría que saltar... si se pudiese, si por un milagroso evento se pudiese...
Ella quisiera estar triste, pero la tristeza es un lujo que solo puede darse quien tiene más colmillo por crecer, y el suyo llegó a su punto de máximo estiramiento hace rato. Ssu colmillo llegó hasta el fondo de sí mismo y se lastimó.
No queda otra. Hay que bailar en la cuerda floja y estar alegre de la cuerda y de la flojera. Y estar alegre de la distancia y el péndulo.
La elefanta hasta se ha maquillado para las luces. Y en el momento del vacío luce hermosa.

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