Forever young


Escapé del trabajo a las 6.30 de la tarde. Había llovido y Miami se ahogaba, como siempre, entre el tráfico y el vapor y los conductores manoteando a sus teléfonos. Yo llevaba días, como Raquel, buscando mi sitio, rueda arriba y abajo y el sillín durísimo clavándose en mis nalgas. Unos días antes había encontrado un parque llamado Eden Lakes, que me sirvió como un oasis de silencio. Allí salvé un pájaro de morir ahogado, allí miré largamente los aviones intermitentes e interminables; sin embargo, hoy no quería volver pues los bancos estarían húmedos, además, pronto se haría de noche y yo planeaba escribir, y para eso las lucecitas del parque no son suficientes. Ayer también fui a McDonalds y traté de hacerlo, pero la bulla de los muchachos entrando y saliendo, más las conversaciones de los dependientes sobreexcitados con el fútbol, me había exasperado. Así que hoy decidí ir un poco más lejos, pedal arriba pedal abajo, y entré a Starbucks. 




Un hombre trabaja con su laptop en la barra, unas chicas chismean en los sillones, un señor gordo, sentado en una mesita en el centro, parece un Buda ebrio. Yo pido mi café latte, saco mis papeles, enrollados y doblados tras el largo día de trabajo no intelectual y los tirones de mochila por cualquier rincón. Dentro queda la bolsa con el pozuelo vacío del almuerzo, los guantes violetas que Eduardo me regaló para que no me acabara las manos, el pulóver de mi uniforme, el polvo de la casa de mi jefa. Y entonces empieza a sonar, bajito y triste como solo él sabe serlo, Forever young, de Bob Dylan. El olor de la canela reenvasada trae cien recuerdos. Y toda su melancolía golpea mi cuello... Porque no vamos a ser para siempre jóvenes. Porque Alemania y Argentina se irán a la muerte el domingo, porque la semana por fin termina pero el dolor en mi espalda no, porque el día se va, chorreado de lluvia, y yo no he visto el mar por meses. Porque este es el Otro Edén, el espacio de mi huida, el lugar donde todos los gritos se amortiguan con café, siempre y cuando puedas pagarlo... porque nadie te habla, porque a nadie le hablas, porque el único forever que ahora importa es el de vivir, joven o no.


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