Recortes contra cielo nublado

Alguien que no conozco me espera.
Ese hombre que no sabe que está aguardándome ahora se corta las uñas de los pies y deja que la radio otra vez lo abrume con comerciales.  Yo miro la lluvia caer fuera, me como un chocolate de medio pelo y pienso lo rico que es estar en la cama con alguien querido en una tarde como esta.
Escucho a alguien hablar a lo lejos, no sé si los vecinos gritan o si es simplemente un televisor, es difícil decir con tantas cercas, con tantos cristales...
Hablo por skype con una gran amiga, que sufre... Escucho a Rhye, porque en uno de los blogs que estaba leyendo hoy la autora la incluía en su lista de sugerencias de la semana. Me gusta, me da alegría sin histeria, me permite mirar la tarde sin sol y sentirme un poco menos blue. Busco en IMDb la puntuación de una película que también recomienda la página para chequear si realmente valdría la pena hacerle caso. Parece que sí...
Recuerdo una tarde como esta, en Estocolmo, en el verano, caminando con mi amiga Ivania por las plazas de Gamla Stan, la ciudad vieja... Había un homenaje a Strindberg y la gente podía recortarle ropa nueva a su figura de cartón y pegársela como a una cuquita. Cuquitas fueron las muñecas de mi infancia, tan diezmadas por el período especial. A las Cuquitas mi hermana y yo les hacíamos unos vestuarios increíbles con un papel y una crayola.... Mi hermana era más audaz en sus diseños pero yo era más curiosa recortándolos... Hacíamos un buen dúo. 
Alguien que conozco no me espera. A pesar de que sabe que llegaré en algun momento, no se prepara para mi venida. Le da igual. Como en los viejos matrimonios, donde ya uno no se maquilla para salir a pasear cuando en última instancia "solo vamos a visitar a tus padres"... Este amigo es un poco así, parece que no le corre sangre por las venas, y a pesar de eso tuvo el valor de sacarme de su vida y dejar de esperarme. Tuvo la energía de cortar por lo sano la herida, el tajazo, y de excluirme y excluirse de nuestras mutuas vivencias. 
Mi amigo solía pasar horas en mi casa y cuando nos quedábamos sin nada que decir yo sacaba a colación una película y eso nos salvaba por los próximos minutos de caer en el silencio donde él no diría lo que quería decir, y donde yo no quería escuchar lo que él diría. Pero los demás no lo saben. Como no sé a quién encontraré mañana para después decir, ah, eras tú... Tanto tiempo esperándote.... como en la canción de Serrat... Es caprichoso el azar. Esa canción siempre me pone triste. Es una canción feliz pero me pone triste. Quizás porque uno podría matar por un momento así. Por una sensación así de viva. Así de grande. Pero en la vida real cuando uno se detiene ante la luz roja y mira al lado, ese hombre hermoso no te mira, esa mujer en su descapotable no te mira, y no hay nadie en la acera para completar el círculo. Es solo la curva que se levanta y muere antes de iniciar la caída. 
Otra vez David Bowie viene a salvar la tarde. Afuera ya es de noche y mi familia ha salido a compartir con sus amigos. No sé si quiero comer algo. No sé si quiero ver una película, la que recomienda el blog o cualquier otra. Mi amigo está online pero solo vemos nuestros puntitos verdes... 

Entretanto, mi desconocido ha apagado el radio y abre una botella de cerveza. Yo busco en mi closet la ropa para después de bañarme, y me pregunto si no sería mejor coger una cartulina y pintar unos cuantos garabatos. Pero no tengo presillas para agarrármelos al cuerpo. Pero me siento un poco vaga. Pero no se me da muy bien el tema de la moda...






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