Wakolda
El mundo de
Los experimentos médicos realizados por los nazis continúan siendo una
de las zonas menos exploradas en el cine de la posguerra, dada la prioridad que
los campos de exterminio han tenido, por la magnitud de su horror y por la variedad
de historias que los supervivientes han podido relatar. Sin embargo, la
realidad de América, principal centro de acogida para los que huyeron, (sobre
todo Suramérica), es un territorio aún bastante desconocido. Esta película de
Puenzo logra abrir un mundo, tanto por su efectividad dramatúrgica como por las
múltiples aristas que el conflicto principal deja entrever. Ante todo, es una
historia bien contada y bien actuada. La belleza de las imágenes, que van desde
el paisaje de la Patagonia
hasta los primeros planos de los personajes, posibilitan un disfrute visual, a
la vez que el nudo de la historia se va enredando cada vez más, y la
responsabilidad humana, y lo terrible de ciertos actos y decisiones, nos
adentran dentro de lo monstruoso que puede concebirse tras una miríada de
buenas intenciones.
Wakolda, la muñeca más rara de Lilith, la muñeca más deteriorada, de la
mano de Mengele se va transformando en una muñeca industrial, idéntica a otras,
con azules ojos de vidrio y pelo natural. Una muñeca cuyo corazón es capaz de
latir. Cual si de un Frankestein se tratara, la homología con la creación de un
ser humano físicamente perfecto, es evidente.
El mundo de la escuela alemana es otro de los complejos temas que el
filme deja entrever. Alumnos blancos, “perfectamente alemanes”, se comunican en
alemán y puntúan la apariencia física de las niñas, en una competencia que
llega a ser muy cruel.
El servicio de inteligencia israelí, el Mossad, y su cacería de
fugitivos nazis (cuyas búsquedas continúan prácticamente hasta hoy), aparece
con el hecho real de la captura de Eichmann y su secuestro hacia Israel, y con
el fallido intento de atrapar a Mengele.
Un llamado de alerta hacia las buenas intenciones, un desafío a
nuestros instintos, un despertar de la conciencia hacia las formas que pueden
encubrir, desde las más equilibradas formas externas, lo más macabro de la
naturaleza humana.
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