Wakolda


El mundo de la Patagonia tiene un aire místico. Paisajes fríos, extraños, casi desérticos, son el medio donde se desarrolla la nueva película de Lucía Puenzo. Basada en su novela homónima, el filme muestra un momento en la vida de Melenge, médico nazi que se refugió durante el año 1960 en esa particular zona de la geografía argentina.
Los experimentos médicos realizados por los nazis continúan siendo una de las zonas menos exploradas en el cine de la posguerra, dada la prioridad que los campos de exterminio han tenido, por la magnitud de su horror y por la variedad de historias que los supervivientes han podido relatar. Sin embargo, la realidad de América, principal centro de acogida para los que huyeron, (sobre todo Suramérica), es un territorio aún bastante desconocido. Esta película de Puenzo logra abrir un mundo, tanto por su efectividad dramatúrgica como por las múltiples aristas que el conflicto principal deja entrever. Ante todo, es una historia bien contada y bien actuada. La belleza de las imágenes, que van desde el paisaje de la Patagonia hasta los primeros planos de los personajes, posibilitan un disfrute visual, a la vez que el nudo de la historia se va enredando cada vez más, y la responsabilidad humana, y lo terrible de ciertos actos y decisiones, nos adentran dentro de lo monstruoso que puede concebirse tras una miríada de buenas intenciones.
Wakolda, la muñeca más rara de Lilith, la muñeca más deteriorada, de la mano de Mengele se va transformando en una muñeca industrial, idéntica a otras, con azules ojos de vidrio y pelo natural. Una muñeca cuyo corazón es capaz de latir. Cual si de un Frankestein se tratara, la homología con la creación de un ser humano físicamente perfecto, es evidente.
El mundo de la escuela alemana es otro de los complejos temas que el filme deja entrever. Alumnos blancos, “perfectamente alemanes”, se comunican en alemán y puntúan la apariencia física de las niñas, en una competencia que llega a ser muy cruel.
El servicio de inteligencia israelí, el Mossad, y su cacería de fugitivos nazis (cuyas búsquedas continúan prácticamente hasta hoy), aparece con el hecho real de la captura de Eichmann y su secuestro hacia Israel, y con el fallido intento de atrapar a Mengele.

Un llamado de alerta hacia las buenas intenciones, un desafío a nuestros instintos, un despertar de la conciencia hacia las formas que pueden encubrir, desde las más equilibradas formas externas, lo más macabro de la naturaleza humana. 

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