Fragilidad




Esta mañana ha muerto alguien cuya vitalidad, energía y carisma siempre me sorprendió.
Anoche, con mucha pasión, hablamos de Colombia, del narcotráfico, de la violencia, de las protestas del Catatumbo, de las arepas, de la vida que late en un país que vi sin ver, como ocurre casi siempre.
Ayer, antes del mediodía, me enseñaron unas fotos increíbles, que intentan atrapar esos pequeños momentos antes del cambio. La última foto que se conserva de Ana Frank, apenas una niña que juega junto a otros. El Titanic flotando en el mar, orgulloso y entero. Hitler unos segundos antes de entrar al Bunker donde se suicidaría.
Y me puse a pensar por qué nos es tan difícil captar justo ese momento donde todo está a punto de cambiar y transformarse para siempre.
Dicen que los animales pueden sentir las catástrofes. Algunos huyen del lugar donde sobrevendrá un terremoto, un tsunami. Pero nosotros hemos olvidado confiar en el instinto, esa forma atávica del conocimiento.
Ayer en la noche, tras la conversación con los amigos colombianos, pensaba en el padre de mi amiga, que ya estaba muy enfermo, y me pregunté cómo seguiría. Pero era muy tarde para llamar. Así que hoy a las siete cuando sonó el teléfono supe que alguna desgracia había ocurrido.  
A pesar de todo, la muerte nos sigue sorprendiendo.
No hemos aprendido a confiar en la secreta conexión entre nuestros cuerpos, más allá de la distancia.
Me pregunto si alguna vez aprenderé a mirar verdaderamente, a detectar el instante exacto para la acción.
Me pregunto si esa sorpresa es necesaria para recordarnos nuestra humana fragilidad.


Comentarios

  1. Esto ya tiene unos días... pero tuve que esperar una buena conexión.

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