La Vita Nuova
Yo como siempre con mis muelas, llevo tanto tiempo dando muela... La otra vez me aburrí tanto de mi voz que me fui a Alaska, pero los huesos se me entumecieron de frío y carne de foca, y mírame, otra vez aquí...
Hace dos años escribí de La Habana inundada, de las calles con un metro de agua por culpa de las alcantarillas tupidas. Hace una semana mi calle de Miami también se inundó. Qué le importa al agua una calle. Cuál es el país sin alcantarillas tupidas. Ya sé dónde vive cada quien. Los lagos al fondo, los patos al fondo, la tristeza en el fondo. Ya sé de los rayones sucesivos. Ya sé de la calle larga larga que muere en el otoño porque hay calles que solo sobreviven un verano.
Pero ya te dije que no iba a hablar de cosas pragmáticas. Ahora es invierno y hay sol y café recién colado. Y la vida se construye lentamente sobre la humedad pasada. Sobre todas las inundaciones. No hay agua que no se escurra en algún momento. Y aunque me mires con esa cara de cállate un ratico y de te tengo tanta envidia, es cierto, Buko, has de tenerle envidia a mi felicidad.
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